jueves, 26 de mayo de 2016

Análisis de "Espadas del fin del mundo"

De que va todo ésto


Hace un año escaso apareció un interesante proyecto para su financiación a través de verkami (crowdfunding) que enseguida captó la atención de numerosísimos "mecenas" dispuestos a costear la edición de lo que iba a ser "Espadas del fin del mundo", un cómic de corte histórico sobre un hecho de armas en Filipinas durante el siglo XVI.

¿La razón? El tema estaba resultando popular desde hacía mucho tiempo en el mundo de los aficionados a la historia militar española, y había sido objeto de análisis en artículos de diarios de tirada nacional, blogs y grupos en las redes sociales. Los Combates de Cagayán, rescatados por Miguel del Rey y Carlos Canales en el libro "En tierra extraña" añaden carnaza a los amantes del ahora popular periodo de la España Imperial (siglos XVI a XIX), especialmente a los aficionados del Siglo de Oro y las gestas militares de los Tercios Españoles.

¿Por qué? Bueno, todos hemos fantaseado alguna vez con éste tema, que parece sacado de un capítulo de la serie "Deadliest warrior": ¿Que hubiera pasado si se hubieran enfrentado un occidental y un samurai? Vale que la pregunta siempre ha tenido sus variantes, "un caballero contra un samurai", "un pirata contra un samurai" o cualesquiera otra, pero la pregunta estaba en el aire. Era parte de una "cultura popular friki", por así decirlo.

Ésta clase de what if a los frikis les fascina. No deja de ser un ejercicio intelectual interesante.


La historia de la Monarquía Hispánica es algo fascinante, pues es tan grande, tan ancha, que en ella han cabido sucesos de todo tipo y cariz. Desde gestas heroicas a situaciones terribles y de dudosa moralidad. En éste caso, lo fascinante en que en éste "what if" no tenemos que imaginar, que solo tenemos que apegarnos al hecho histórico. ¿Lucharon directamente los occidentales contra los guerreros japoneses durante su etapa de mayor esplendor? Si, y los combates de Cagayán fueron uno de esos enfrentamientos, aunque no el único.

Y el hecho es que, para solace de un servidor, que nunca ha soportado demasiado bien la tendencia que hasta hace poco imperaba en el mundo "friki", siempre he defendido que no hay guerreros "superiores" ni "inferiores" por haber nacido en Oriente o en Occidente, el resultado de éste choque de armas fue favorable a los españoles. Muy favorable. No obstante, estamos hablando de una época en la que esas gestas eran relativamente "frecuentes" (según nos dice la documentación) por parte de la infantería española.

El cómic (lo bueno)


Ángel Miranda al guión y con el impresionante dibujo de Juan Aguilera, asesorados por un historiador especialista en las relaciones oriente-occidente del periodo, mantuvieron vivo el proyecto tras un espectacular verkami en el que se recaudó varias veces la cifra necesaria para la edición.

Finalmente, presentaron éste comic de tapa dura, de unas 82 páginas, con un dibujo excelente y un guión que fue el resultado de las investigaciones de los autores en ésta materia. No es fácil pasar de la crónica a lo visual, y menos en periodos como éste, o en situaciones tan concretas como los primeros pasos de la colonia de las Filipinas en el siglo XVI. Muchos aspectos a documentar, y no siempre sencillos: desde el simple menaje que utilizan los españoles para comer hasta como eran los poblados tagalos de la época, como vestían y armaban los piratas "wako" o mil y un detalles en los que aciertan en no pocas ocasiones. El resto me parecen licencias justificables, o pequeños fallos fuera del alcance de especialistas en la materia (que se cuentan con los dedos de la mano).



Argumento


Uno de los puntos fuertes de "Espadas del fin del mundo" es su argumento. Los combates del Cagayán, que enfrentaron a un reducido grupo de soldados españoles con cientos de piratas "wako" japoneses, no son cualquier cosa, así que el material sobre el que se apoyaban se prestaba a la épica.

El cómic tiene la virtud, para mi, de "ir al grano". Una buena historia se comienza siempre tan cerca del final como es posible, y éste cómic cumple al pie de la letra esa recomendación. El viaje es muy simple: vamos desde Manila, tras un primer ataque de los piratas a una aldea tagala, al río Cagayán, donde se cumplen las órdenes del gobernador (encontrar y expulsar a éstos intrusos de las islas Filipinas).

La historia nos muestra también la perspectiva japonesa. Para mi, una sorpresa muy agradable y un gran acierto.


Se producen varios combates contra los japoneses, que podemos dividir en un enfrentamiento naval y otro terrestre, en varias fases. Esos combates se desarrollan con bastante equidad, y eso es algo que me ha gustado. Es decir, vemos gente diestra en ambos bandos, furia y destreza a partes iguales, y las bajas en los primeros planos de las viñetas no respetan ni a españoles ni a japoneses. Nos hablan de combates sucios y desesperados, muy realistas y alejados del habitual oropel de algunas ficciones militares.

Los protagonistas son dos guerreros veteranos, Juan Pablo de Carrión y Tay-Fusa, y ésto es algo que me ha gustado. Es decir, el cómic, para mi sorpresa, muestra escenas en ambos bandos (japonés y español), de modo que ésta historia no trata solo de Carrión y sus hombres, si no también del ronin y sus wako. Les acompañan unos secundarios de lujo, como fray Salvatierra, el tristemente breve capitán Pero de Lucas o los subalternos del comandante japonés (entre ellos, su propio hijo). Éstos secundarios aportan mucha profundidad a los sucesos, haciéndolos más realistas. Vemos las consecuencias y reacciones que en ambos bandos provocan los sucesivos choques, y el por qué de la determinación de ambos bandos para una lucha a muerte: en el caso de los españoles, no hay escapatoria. En el de los japoneses, el motivo político (asentarse en las islas) da paso al honor y la venganza.

La recreación que se hace de los combates me ha parecido muy buena.


Una lucha entre dos mundos


Siguiendo un esquema narrativo clásico pero efectivo, el cómic nos presenta una escalada bélica entre ambos bandos. Bandos que al principio no se conocen bien, y que por lo tanto se desprecian, pero que aprenden a desconfiar y respetar. En éste juego, los españoles, más acostumbrados a toparse "con lo inesperado" en ese siglo, juegan con cierta ventaja.

Hay que avisar de algo importante: no esperéis un ejército samurai. Los japoneses son lo que son: piratas. Por eso, la mayor parte de sus tropas son guerreros poco refinados y poco honorables que combaten a muerte por el botín y la expectativa de ganar un trozo de tierra que convertir en su nuevo feudo. Sin embargo, entre ellos si vemos algunos comandantes que parecen ser ronin, samurai sin señor, por lo que el cómic nos brinda algunas escenas muy impactantes entre samurais con su armadura completa contra españoles con petos y cascos de metal.

Los piratas son piratas y van armados como tales. Un detalle que me ha gustado mucho, a excepción de que no usaran lanzas o naginatas, por que las usaban y mucho.


Pero no solo eso. Vemos como ambos bandos piensan sobre la difícil situación y afrontan un combate incierto, atendiendo de paso al carácter y la forma de pensar de unos y otros. Más confiados en su superioridad los japoneses, más inquietos los españoles a causa de lo reducido de su número.

Al final, los piratas encuentran la horma de su zapato. Hay un oceáno de diferencias entre españoles y japoneses en el siglo XVI, pero también muchísimas similitudes. Aún a día de hoy, muchos japoneses opinan que el carácter español es parecido al suyo, aunque sin la pesada educación y las normas sociales que los nipones utilizan para "contener a la bestia que anida en el hombre". Ambos guerreros tenían una fuerte concepción del honor personal, que podía llevarles al duelo y la muerte, y ambos creían ser los mejores soldados de su tiempo. Imaginativos, valientes y sufridos, españoles y japoneses fueron muy similares, lo que hace de éste choque algo impredecible.

El clímax de ésta obra se encuentra en un momento crucial, en un cruce de espadas que da su nombre al cómic. Los dos comandantes, Carrión y Tay-Fusa, se enfrentarán a muerte decidiendo la suerte del combate. Es una escena magistral, que recorremos desde que ambos se preparan para el combate hasta el momento en el que se encuentran en el campo de batalla y dejan hablar a sus espadas.

Y esa escena es digna de pasar al corpus fundamental de las grandes hazañas del "fandom hispano-imperial". Chúpate esa, Blas de Lezo.

Éste momento es más épico que una peli de Michael Bay. Os va a encantar.

Detalles que me han gustado


Hay varios detalles que, como historiador especialista, me han gustado del cómic. Se ha prestado gran atención a las armas y la vestimenta de los españoles, y se ha huido (en parte) del tópico. No vemos espadas cazoletas, que no existen hasta el siglo XVII, ni armaduras de estilo posterior. Si vemos, y debo admitir que el detalle me ha sorprendido mucho, escaupiles de algodón como los que usaban los conquistadores en América. Un detalle al que le doy un diez.

Éste tío lleva unos gregüescos de color con bragueta y un escaupil de algodón como armadura. Solo le quitaba el pañuelo del cuello, pero por lo demás me casaba con él. PERFECTO.


Ángel Miranda habló durante la presentación del cómic del proceso de investigación de las fuentes, y hay detalles en los que se nota la mano experta. En los que se ha afinado mucho. Una medalla de Santa Bárbara de la época (testimonio arqueológico) o como la fauna y geografía del río Cagayán se representa fielmente, dando al entorno del combate final una credibilidad sin parangón.

Además, se atrevieron a imaginar como era el dispositivo de defensa español, compuesto por la propia galera y unas barricadas de madera (en las crónicas se habla de trincheras) para detener mejor el avance de un enemigo que les superaba ampliamente en número.

No os quiero hacer más spoiler, pero el cómic está lleno de esa clase de detalles que os van a gustar, y que a mi me gustan, a pesar de que además de lector exigente he dedicado casi toda mi carrera como historiador a conocer éste periodo desde una perspectiva muy cercana a la práctica de un recreador: con atención al detalle de lo cotidiano. O sea, que no era fácil contentarme en éste aspecto, vive Dios.

El entorno es para mear y no echar gota. Un excelente trabajo recreando el paisaje del río Cagayán.


Cosas que no me han gustado tanto (y no me llaméis tiquismiquis)


Espadas por doquier


Hay un mito muy extendido que impregna las producciones de cine, televisión, cómic, etc. Y éste es el mito de la abundancia en el uso de las espadas. En ésta época concreta la espada era, para los españoles, el símbolo del oficio militar, pero no dejaba de ser un arma auxiliar. Un arma de último recurso. Las principales herramientas del soldado son la pica y el arcabuz, e incluso en éste caso la espada y el escudo (que, ojo, salen personajes usando rodelas, detalle que se agradece y mucho).

Aunque armas de asta y de fuego aparecen en la obra, suelen estar en segundo plano, y casi siempre en manos españolas. He echado de menos las armas de asta y los arcabuces tanegashima en los últimos embates de los japoneses, aunque en justicia hay que decir que aparecen en varias viñetas. No obstante, imagino que el recurso narrativo es doble: por un lado, el cómic se llama "Espadas del fin del mundo" por algo (es lógico darle más protagonismo a la espada) y por otro lado las cargas frontales al arma blanca por parte de los japoneses (cargas banzai) fueron un recurso muy utilizado durante gran parte de su historia militar (que se los digan a los americanos en la Segunda Guerra Mundial...).

Entonces, ¿De qué me quejo? Bueno, digamos que cuando el enemigo realiza un asalto frontal espada en mando confiando en sus números y es rechazado por el uso conjunto de picas y arcabuces, que repita la operación es bastante suicida. Pero claro, japoneses y carga suicida no es algo tan descabellado, precisamente.

Nunca fue muy buena idea atacar una trinchera al arma blanca si hay armas de fuego defendiéndola. Los japoneses descubren un anticipo de lo que les harán los americanos en la SGM...


Un nosequé que qué se yo


A pesar de que la historia va al grano y cuenta lo que tiene que contar, es verdad es que, al final, sabe a poco. Es decir, el argumento está muy bien, las escenas molan, pero echas de menos "más chicha". Es lógico que sobre un hecho de armas que ocupó unas pocas líneas en unas cartas y crónicas de la época, tampoco se puede sacar de ahí oro. Pero en general ésta es una historia con muchos silencios, planos largos de situación y paisaje y frases contundentes.

Éste recurso narrativo es común en el género (ficción histórica militar), y muy del gusto del fandom español, acostumbrado a personajes lacónicos y revertianos. Carrión tiene mucho de ésto. Es un personaje muy revertiano, un héroe cansado que está de vuelta de todo, y que a veces se siente demasiado viejo, dispuesto incluso a tirar una toalla que nunca termina de arrojar.

Aquí entramos en el terreno de la manía personal, claro. Estoy un poco cansado de esa narrativa. Es decir, el "setting" de la Monarquía Hispánica da para mucho más que para héroes cansados, descamisados, algo sucios y veteranos de muchas campañas, que se baten en ocasiones más por su reputación y sus compañeros que por las órdenes dadas o las banderas y los reyes. A la gente le gusta ésto, es una fórmula de éxito, pero yo hecho de menos otro tipo de personajes protagonistas y mostrar otro tipo de facetas de nuestro pasado, sin caer en tópicos manidos: por ejemplo, que el sacerdote sea pacifista pero un integrista moral, que el protagonista pase un poco de la religión por que está de vuelta de todo o que sea el prota el único que es capaz de vencer a los grandes antagonistas en un cuerpo a cuerpo.

Carrión es un héroe cansado arquetípico. No obstante, él al menos reflexiona sobre su condición y a veces le flaquean las fuerzas, lo que le hace más humano y creíble.


Además, y para terminar, hay algunos detalles de vestimenta que me chirrían un poco. A pesar de que me han sorprendido y gratamente con buenos detalles (ropa más del siglo XVI, armas y armaduras, uso de zapatos en vez de botas, que no se popularizan hasta mediados del siglo XVII, etc.), hay otros que como especialista me dejan un poco rascándome la cabeza. Y aquí es cuando podéis odiarme por ser tiquismiquis.

  • Los frailes dominicos no eran todos sanadores, ni tenían por que saber de eso. Tampoco llevaban una cruz colgando del pecho. Éste error es muy común, el de representar a todos los frailes con una cruz en el pecho, y es algo que solo es propio del alto clero, como los obispos, pues es uno de sus rasgos distintivos (la "cruz pectoral"). En el caso de frailes de órdenes mendicantes, y obispos y arzobispos aparte, las cruces pectorales solo las llevaban los priores (llamados "guardianes"). Así que ya sabéis, si dibujáis al típico y simpático franciscano en vuestro cómic, ¡No le pongáis una cruz en el pecho si es un simple hermano de la órden!
  • Chambergos en 1582. En serio, eso no se usaba. Los sombreros a la moda de la época eran sombreros de castor, o sombreros de fieltro de ala más corta y con una copa absurdamente alta y redondeada. La toquilla "en pico" en los sombreros no aparece hasta el siglo XIX. Se que es un poco "gracioso" pensar en que nuestros antepasados llevaban sombreros que podían resultar propios de... no se, ¿Un payaso? Pero las modas son así y así iban.
  • Pañuelos en la cabeza. Se que queda muy pirata y muy alatristesco, y que se usan mucho, incluso en recreación. Pero no es correcto. El pañuelo pirata no lo usaban los soldados o marineros de aquella época. Lo siento, chicos...
  • Los españoles van, como siempre, vestidos en tonos tierra y cacao. NO. Vestían también con colores, de forma muy ostensa. Alatriste ha hecho en éste sentido "mucho daño", y ahora la gente tiene la imagen de los soldados españoles como gente sucia que vestia con cueros o con ropa de colores pardos. Los soldados de Napoleón vestían de colorines. Los tercios de Carlos II vestían de colorines. Las tropas de Carlos V vestían de colorines. Las de sus hijos, tres cuartas de lo mismo. Ya es hora de que lo vayáis interiorizando, peña.
Se que tengo una cruzada personal contra los pañuelos, pero desde la peli de Alatriste lucho una batalla perdida. No se usaban, NEIN.

Conclusión


"Espadas del fin del mundo" es un buen cómic, una obra épica que te hace vibrar, que te transporta al pasado y que colma tus "expectativas frikis" en éste interesante "what if" sobre el que todos hemos pensado. Tiene toques geniales, magistrales, donde destaco el dibujo y los detalles de ambientación histórica.

Las 82 páginas de éste libro colman tus anhelos, pero como cuando comes algo que te gusta mucho, como un helado de chocolate, cuando terminas te sabe a poco. Así que espero que éste no sea el último cómic que hagan, pues sucesos épicos en la historia de España hay para dar, vender y regalar. 

¿Recomiendo éste cómic? Si, y mucho. Lo recomiendo a los aficionados a la historia, al mundo militar, a los cómics y el mundo friki en general. Pero también a cualquier otra persona a la que el tema de la obra le llame la atención. ¿Por qué no? Además, tiene la virtud de educar, de rescatar del pasado páginas prácticamente olvidadas de nuestra historia, que nos hacen sentir un poco menos pequeños, un poco más a gusto con "ser españoles" si echamos la vista atrás. Y de eso, últimamente, hace falta una ración extra.

Podéis comprar el cómic por Amazon en éste enlace.

Y aquí os dejo el trailer de presentación:



2 comentarios:

  1. Excelente análisis (sin ser especialista de nada)... y también quiero más.
    Un saludo.

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  2. Hola David, me ha encantado el artículo, me gustaría ponerme en contacto contigo. Yo hago fotos bajo el seudónimo Jordi Bru.me puedes encontrar en Facebook

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